¿Y a Quién no le Gusta el Dinero?

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Como a la mayoría de vosotros, a mí también me gusta el dinero. Pero no el que sabes que está en el banco si no el de papel, el que puedes tocar, el de verdad.

Me encanta la sensación de tener un billete entre las manos, palpar su superficie y analizar casi al detalle las caras, los slogans y los monumentos que aparecen las dos caras del mismo. Me encanta el olor del dinero y también su textura.

Me encanta el sonido del dinero cuando lo vas contando y se va dejando caer sobre tu mesa porque ese dinero es tuyo. Me encantan las apuestas y, como podréis imaginar, me encanta el póker.

Cuando era pequeño siempre llevaba mi cartera conmigo, bien guardada en el bolsillo de mi pantalón. Pero luego uno aprende y se da cuenta de que los hombres de verdad no usan cartera, sino sólo una goma con la que tener ordenados los billetes en mi bolsillo izquierdo delantero del pantalón. Una goma que siempre me ha dado suerte y de la que no me desprendo nunca. 

Mi mujer, cuando llegamos al supermercado, suele preguntarme si tengo dinero y la respuesta siempre es “Sí”, y sonrío, porque siempre llevo mi fajo de billetes. Para mí es como un amuleto y es la primera cosa con la que entro en contacto cuando meto la mano en el bolsillo de mis vaqueros. Sin dinero me siento “desnudo” e incluso inseguro de mí mismo. Si me arruino jugando un día, necesito ir inmediatamente a coger más dinero. Lo sé, soy frágil y débil, pero no me siento un hombre si no tengo dinero.

Me he comportado de esta manera con el dinero durante tanto tiempo que he llegado a un punto en que esta actitud me molestaba a mí mismo porque sentía el dinero como si fuera una droga a la que me había enganchado. En las tardes de invierno llegaba a desenrollar mi fajo de billetes y a contarlo lentamente. Y me sentía feliz.

¿Por qué me pasa esto? El dinero en el bolsillo de mi pantalón en el fondo es una miseria. No está para nada cerca de la cantidad que hay en el banco, en mi fondo de pensiones o invertido en mi casa y en mi coche. Pero nunca he tenido ganas de admirar las hojas de mi libreta del banco o de disfrutar con los papeles de la hipoteca.

¿Por qué los billetes? Es una sensación muy extraña y después de años estudiando la condición humana he aprendido que cuando este tipo de costumbres “raras” aparecen es porque pasa algo. Pero, ¿Qué?.

Un día, me encontré en una revista de psicología un artículo que me hizo sonreír, ya que en el mismo explicaban que mi fascinación por los billetes de cien dólares era bastante común y que, además, el dinero actuaba de alguna manera de forma similar a las propiedades adictivas de una droga.

Xinyue Zhou de la universidad Sun Yat Sen de China y Kathleen Vohs de la universidad de Minnesota han descubierto algunos hechos fascinantes sobre el dinero, sobre todo en el caso de los billetes. Se sabe que el dolor físico y el rechazo son sentimientos que nadie quiere tener, y los estudios de Zhou han demostrado que el simple hecho de tener dinero entre las manos reduce tanto el estrés psicológico como el dolor físico.

El equipo de investigación de Zhou también ha descubierto que tener dinero en el bolsillo aumenta la confianza en uno mismo y mejora el estado de ánimo. Es más, cuando a alguien se le recuerda que ha perdido dinero aumenta sistemáticamente su nivel de estrés.

¿Cuál es el mensaje para los jugadores de póker? Muy simple: Lleva billetes, llévalos enrollados y tócalos de vez en cuando para recordar que los tienes ahí. Cuanto mayor sea el rollo, mejor. Siéntate y disfruta de su olor y de tacto, pero aprende a no apostar más de lo que debes cuando te quedes en bancarrota.

Es una droga con un fuerte poder estimulante que te va a hacer sentir más fuerte. Con dinero en el bolsillo tu juego va a mejorar y vas a poder seguir aumentando el tamaño de tu fajo.

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