El juego online puede ser demasiado fuerte incluso para la ley

Poker ley 758190

Para aquéllos para los que el juego es una adicción, las reglas pueden ser, quizás, una falsa ilusión de protección contra el peligro que conlleva el juego.

El gobierno de los EEUU ha anunciado que iba tomar medidas drásticas contra varias webs online porque este tipo de salas de juego son ilegales en los Estados Unidos y, por lo tanto, han estado llevando a cabo una actividad ilegal.

Sin embargo, parar estas actividades es muy difícil, tal y como comprueban constantemente los legisladores europeos, que con sus intentos de regularización comprueban que los juegos más peligrosos son, a su vez, los más difíciles de supervisar.

¿Peligrosos? ¿Pero el juego online no es sólo hacer clic con el ratón para apostar unos pocos de dólares aquí y allí y echarte unas risas? Pues no.

Las apuestas de Internet son, o tienen el potencial de ser, las más intensas, las que más dependencia pueden provocar en el género humano, y eso es peligroso.

Hablando desde la experiencia, desde primavera del 2005 hasta septiembre del 2006 llegué a utilizar cuántos pseudónimos estaban libres para poder jugar online de forma completamente anónima.

Esto me costó unos 50.000$ aproximadamente y además aguanté los costes adicionales como son la pérdida de tiempo, la pérdida de orgullo, la desorientación y el miedo. Al principio, como suele suceder con todas las adicciones, el póker te cambia y antes de que perdiera mis primeros 10.000 dólares era dependiente de las emociones que desataba en mí el juego. Sólo me sentía vivo cuando estaba en acción.

Pronto necesité rescatarme a mí mismo del mundo en el que me había metido pero del que no podía aceptar que conllevara tanto riesgo. Sabía que había perdido mucho dinero pero el póker era la solución y yo era incapaz de reconocer cuál era mi problema.

Incluso ahora que todo ha quedado detrás, sigo sin estar seguro sobre cómo y porqué pasa esto. Pero sí que tengo algunas claves.

La mayoría de las mismas están relacionadas con mi propio carácter, con mi propia psicología, pero otras van de la mano con la naturaleza de internet. El juego online es el vehículo perfecto para la adicción: nunca tienes que parar (no te tienes que ir a casa cuando ya estás en casa), es privado (tus problemas de adicción son “fáciles de esconder”) y juegas a una velocidad fascinante y precipitada. Los casinos tradicionales son aburridísimos en comparación con los casinos online.

Si alguna de las diversas formas que hay de apostar tiene que ser regulada es, son duda, ésta. Pero los esfuerzos para controlar a los casinos online siguen fallando. Una campaña británica para regular y poner impuestos sobre el juego en internet sólo consiguió que dos de las empresas recogieran su equipaje y se dieran de alta en Gibraltar.

La versión americana, bastante impresionante por ahora, ha conseguido hacer algo sólo después de que tres de las webs acusadas desobedecieran abiertamente las leyes de los Estados Unidos después de casi cinco años, ganando billones. En toda la Unión Europea sólo el 15% de las más de 15.000 salas de juego online tienen licencia.

Es muy difícil controlar un negocio que no se puede tocar y cuyas salas de juego pueden operar desde cualquier lugar del mundo. Es también muy difícil ver qué pueden hacer las normas para prevenir los aspectos más peligrosos y “oscuros” del juego online para vidas como la mía, en las que el juego ejerce una presión tan demoledora.

¿Qué es exactamente lo que se puede regular? ¿Incompetencia? ¿Cruzarse de brazos ante estas situaciones? ¿Se podría limitar el tiempo de juego a cada persona?

Al menos con el póker, la duración no es el quid de la cuestión. Los profesionales competentes y los aficionados al juego que tienen grandes habilidades pueden pasarse horas jugando de una forma completamente normal y “sana”.

Tampoco podría hacerse mucho poniendo un límite a las apuestas. Las reglas del Reino Unido generalmente restringen las apuestas en una o dos libras por tirada en las máquinas, una cifra lo suficientemente baja como para disuadir a los clientes más ricos de perder su tiempo en este tipo de juegos, pero lo suficientemente alta como para condenar a un adicto al juego que puede pasarse días en frente de la pantalla. Restringir las apuestas sólo trae una consecuencia, la de atraer y destruir gente que tiene poco dinero.

El quid de la cuestión no es nada objetivo, no tiene nada que ver con el dinero que te dejen apostar o con el tiempo que te dejen jugar. La razón principal está en la cabeza de cada uno. Si eres tranquilo y tienes habilidades estarás bien.

Si eres más bien una persona patológica intentarás conseguir cada libra que has perdido y entrarás en un ciclo imparable de adicción (a menos que pidas ayuda).

Las leyes no pueden hacer el juego más seguro. En el estado de Nevada, que tiene la historia más larga respecto a regulación de casinos, tiene el doble de casos de patologías relacionadas con adicción al juego que la media nacional.

No hay escapatoria al daño potencial que puede generar el juego. El peligro es una parte intrínseca de este tipo de pasatiempo.

Tampoco se puede hacer del juego online algo inaccesible en el momento en el que vivimos, en la era de internet. Los jugadores americanos están acudiendo en bandadas a otras webs, por lo tanto, ¿deben también estas otras salas de juego y estas nuevas opciones ser restringidas? Da igual, porque al poco tiempo surgirá una nueva web.

Entonces, ¿qué es lo que tienen que hacer los gobiernos? Puede que nada. Quizás la regulación y las leyes y licencias de los casinos están mandando un mensaje equivocado. Si las apuestas no son seguras, y de forma impredecible se pueden convertir en algo dañino, quizás la ilusión de protección es la última cosa que necesitan los jugadores.

Quizás deben saber por anticipado que están completamente solos si las cosas se ponen feas.

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